Hasta hace poco, crear una invitación era elegir una plantilla y acomodar tus datos adentro. Después vino la IA que te hacía tres preguntas y te escupía una imagen. Las dos cosas tienen el mismo problema: lo que tú te imaginas casi nunca cabe en un formulario.
Por eso rehicimos la función desde cero. Ahora, cuando entras a crear tu invitación, te encuentras con un diseñador con IA que te escribe como te escribiría una persona: te pregunta de qué es la fiesta, te propone una dirección, te enseña lo que va a hacer y lo ajusta contigo hasta que te guste. Así funciona por dentro.
En corto: le cuentas de tu evento, le mandas una foto o una invitación que te gustó, apruebas la propuesta y él diseña la portada. Todo pasa en un chat, y los primeros 2 diseños son gratis.
1. Primero pregunta, luego propone
Arranca con lo básico —qué se celebra y de quién es la fiesta— y con eso ya te hace una recomendación concreta, distinta según el evento. En unos XV o una boda te va a sugerir que la foto real sea la protagonista, porque es lo que hace que el invitado reconozca de inmediato de quién es la fiesta. En un bautizo o un baby shower te va a proponer que el nombre y un símbolo delicado manden, con la foto de acompañante.
No te va a hacer un interrogatorio. Si le dices «tú decide», decide: propone tema, ambiente, colores y estilo de imagen en una sola línea y te pide que apruebes o cambies. Y si solo respondes la mitad de lo que preguntó, la otra mitad la resuelve él y te lo dice.
2. Los colores y la letra los eliges tú, sin saber de diseño
Cuando ya sabe de qué va tu fiesta, te propone una paleta de colores base ahí mismo en el chat, como bolitas que puedes tocar y cambiar. No tienes que saber nombres de colores ni códigos: le mueves hasta que te guste.
Con la letra hace lo mismo, pero sin tecnicismos: te propone tres o cuatro estilos de letra pensados para tu evento —«caligráfica elegante», «sans moderna en mayúsculas espaciadas», «letras redondeadas y jugosas»— y te los enseña escritos con el nombre del festejado, para que elijas viendo, no leyendo nombres de tipografías. Los dos son una guía: el diseño final puede llevar tonos vecinos y letras de apoyo que combinen.
3. Puedes mandarle lo que ya tienes
Esta es la parte que más cambia el resultado. Con el clip puedes adjuntar lo que sea, junto con tu mensaje:
- Tu foto. La del festejado, la de la pareja, la de la mamá. La integra dentro de la escena —con la luz y la sombra del ambiente— en vez de pegarla en un recuadro.
- Una invitación que te gustó. Esa captura de Pinterest o de Instagram. Te va a preguntar qué tanto quieres seguirla: casi idéntica cambiando solo tus datos y tu foto, el mismo acomodo adaptado a tu evento, o solo como inspiración.
- Fotos del lugar. Tu jardín, tu quinta, el salón. No las pega como fotografía: recrea ese lugar como escenario, en el estilo que elegiste.
- Objetos del tema. El pastel, el vestido, un juguete, el logo de la fiesta.
Cada imagen la mira antes de usarla y te dice qué entendió: «veo una invitación de referencia: fondo beige con letras de recorte» o «veo la foto de la quinceañera». Si algo no es lo que pensabas, se lo corriges en una línea.
4. Cómo logra que se parezca a ti
Aquí la verdad importa más que la magia: entre más clara y de cerca sea tu foto, más se va a parecer a ti. Lo que no se alcanza a ver, el diseño lo tiene que inventar.
Si mandas una foto de cuerpo entero tomada de lejos, el sistema lo detecta y te lo dice antes de gastar un diseño: te pide una más cercana y, si no tienes otra, te avisa que puede no quedar idéntica en lugar de prometerte un parecido que la foto no da. Cuando pides que salga solo tu rostro, se acerca a tu cara y la limpia de todo lo demás —el fondo, las luces, la gente alrededor— para que el diseño trabaje con tus rasgos reales.
5. Te enseña el acomodo antes de diseñar
Antes de crear la imagen te cuenta en dos líneas cómo la va a acomodar: qué va arriba, qué al centro y qué abajo. Es el momento de mover cosas, porque ahí todavía no cuesta nada. Cuando dices que sí, entonces sí diseña.
Mientras trabaja te va contando en qué va —preparando tu foto, diseñando, revisando— y cuando termina, revisa su propio trabajo antes de enseñártelo: que los textos estén escritos exactamente como los pediste, que la cara se parezca a la de tu foto, que nada tape el nombre, que la foto no haya quedado como una calcomanía pegada. Lo grave lo corrige solo, sin cobrarte otro diseño; los detalles menores te los propone para arreglarlos junto con tu siguiente cambio.
6. Los cambios se piden como se los pedirías a una persona
«Las flores más grandes», «el fondo de un jardín verde», «ponle unas mariposas doradas», «quítale el moño de la esquina». No hay menús ni capas: lo dices y lo aplica. Los cambios se juntan y se aplican todos en una sola pasada, para no gastar un diseño por cada detalle.
Y si te gustó más la versión anterior, puedes citarla en el chat y decirle «parte de esta».
7. Cuánto cuesta y cuántos diseños incluye
Diseñar tu portada platicando es gratis: el plan gratis incluye 2 diseños, con una discreta marca de agua. Plus ($299 por evento, pago único) quita la marca y te da hasta 10 diseños; si quieres seguir afinándola, hay paquetes de 5 más.
Platicar no cuesta: puedes conversar todo lo que quieras, ver el acomodo, cambiar los colores y elegir la letra sin gastar ninguno. Solo cuenta cada imagen nueva que se genera.
Seis consejos para que quede como la imaginas
- Di primero qué evento es y de quién. De ahí sale todo lo demás; entre antes lo sepa, mejores propuestas te hace.
- Mándale un ejemplo. Una imagen dice en un segundo lo que tardarías cinco preguntas en explicar.
- Manda la foto de cerca y bien iluminada. Es el factor que más cambia el parecido.
- Dale los textos exactos. Con acentos y como los quieres ver escritos. Si algo está mal escrito te lo dice y te propone la corrección, pero tú decides.
- Junta los cambios. Antes de aplicar, dile todo lo que quieres mover de una vez.
- Pide cosas concretas. «Más bonito» no le dice nada; «el nombre más grande y el fondo más claro» sí.
Lo que todavía no hace
La portada sale como una sola imagen integrada, y eso es lo que hace que se vea diseñada y no armada por piezas. A cambio, no puedes mover un objeto por separado dentro del chat: si quieres agregar un logo, una palabra o un adorno por tu cuenta, cuando la portada ya te guste puedes abrirla en el editor avanzado y trabajarla ahí.
Tampoco inventamos permisos: puedes pedir personajes, logos o marcas y lo intenta —si el generador se niega, hace una versión inspirada con el mismo aire—, pero usarlos en tu invitación es tu responsabilidad. Lo mismo si copias de cerca el diseño de otra invitación.
Pruébalo con tu fiesta
La mejor forma de entenderlo es contarle de tu evento y ver qué te propone. No necesitas saber de diseño ni tener las ideas claras: para eso está la conversación.
